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Santo Domingo de Guzmán


SANTO DOMINGO DE GUZMAN

Santo Domingo de Guzmán
Domingo, "hombre orante"
Perfil de Santo Domingo
Hombre de profundos afectos
¿Dónde encuentra Domingo a Dios
Domingo, hombre de la palabra
Santo Domingo, ¿dominico hoy?
Los modos de orar de Santo Domingo

Por: Fray José Ma. Prada Dietes, O.P


Nació en un pequeño pueblo español, llamado Caleruega en 1170, de un hogar modelo. Sus padres, eran de origen noble y muy piadosos. Su madre, Juana de Aza, poco tiempo después de su muerte, fue beatificada. A su hermano, el beato Manés, la Iglesia reconoció públicamente su santidad.

Domingo, fue educado por un tío sacerdote. A los 15 años ya estudiaba artes y teología, en la universidad de Palencia, una de las mejores de Europa en la época. Siendo universitario, vendió sus libros y entregó el dinero a los pobres, diciendo que no quería estudiar en pieles muertas mientras los hombres se morían de hambre. A los veinte años fue ordenado sacerdote. Santo domingo de Guzmán es conocido, sobre todo, por ser el fundador de la Orden de Predicadores.

¿Por qué seguimos haciendo memoria de él después de casi ochocientos años? ¿Por qué tratamos de vivir un programa de vida, que dejó como herencia a sus seguidores, cuando el mundo ha cambiado tanto, sobre todo en estos últimos tiempos? Si apareciera en nuestro tiempo ¿fundaría una Orden religiosa con las mismas características? En definitiva, esta Orden ¿no debería seguir otras pautas más modernas, en tono con nuestros tiempos?

Para entender a un santo o a un sabio de tiempos pasados y la importancia de su labor, hay que estudiar primeramente el ambiente en que ha vivido. La Iglesia, a pesar de estar siempre asistida por el Espíritu de Cristo, está compuesta de seres humanos, con todas las deficiencias y debilidades que conlleva. La Iglesia ha tenido épocas de gran esplendor, pero ha pasado también por densas tinieblas. Es una obra divina, compuesta por seres humanos. En el siglo XIII perdió su primitivo fervor, principalmente, porque se dejó absorber por la vida política. Había llegado poco a poco a una estrecha unión con los emperadores europeos y esto le hizo mucho mal. Los cargos eclesiásticos se obtenían por influencias políticas y no por la preparación teológica y por el servicio generoso a la Iglesia. Así, los obispos, eran antes que todo, administradores políticos.

Como reacción a esta aguda secularización de la Iglesia, hubo una proliferación de sectas que pretendían volver a vivir el espíritu del evangelio. Cada sectario se creía un apóstol, un evangelizador enviado por Cristo. Sus virtudes verdaderas o fingidas, eran de un gran atractivo para los jóvenes. Estas sectas que infestaban toda Europa, eran una amenaza muy grave para el catolicismo. Los herejes se presentaban ante el pueblo como los imitadores de la vida pobre y humilde de Jesús y con sus enseñanzas, confundían a los católicos. Algunos de ellos eran sacerdotes que se habían pasado a la herejía y por lo tanto, conocían la teología y las ciencias bíblicas.

Por otra parte, la Iglesia católica, en aquel momento, no disponía de apóstoles preparados y piadosos, que con su ejemplo y la palabra, pudieran luchar eficazmente contra la herejía. Hubo varios intentos de monjes que salieron de la soledad para difundir el evangelio y terminaron en el fracaso. Algunos clérigos y laicos, llevados más por un celo mal entendido, y sin ninguna preparación intelectual, no hicieron una labor positiva. Por otra parte, los obispos tenían el monopolio absoluto de la predicación y por la falta de interés, por sus compromisos con la administración secular y por su ignorancia de la teología, eran incapaces de hacer frente a los herejes. La Iglesia organizó entonces una cruzada militar contra los herejes y aunque los venció en el campo de batalla, quedó el rescoldo del rencor y viva la cizaña del error.

Pero Cristo nunca abandona a su Iglesia. En los momentos más oscuros y difíciles, suscita hombres y mujeres llenos de su espíritu. En el Antiguo Testamento, cuando el pueblo de Israel pasaba por los momentos más críticos de su historia, era cuando Dios suscitaba grandes profetas. Fue en ese momento en que aparecieron santos varones, llenos del espíritu de Cristo: san Francisco y santo Domingo de Guzmán. San Francisco abandonó su rica familia con sus comodidades y seguridades y se fue a recorrer Italia, vestido de túnica y sandalias, como un mendigo, predicando primero con le ejemplo y luego de palabra. Rápidamente se le fueron agregando cantidad de discípulos, que enardecidos por el amor a Dios y el celo por la salvación de las almas, formaron un gran ejércitos de apóstoles que invadió gran parte de Europa y Asia. Estos se llamaron los “hermanos menores”, más conocidos hoy como los “franciscanos”.

En este mismo momento apareció Domingo de Guzmán en el Sur de Francia, en el centro de la herejía, en lo que podríamos llamar la “zona roja”. Un .santo obispo tomó a Domingo por compañero de misión e hizo sus primeros ensayos en la predicación.. Para Domingo esta experiencia fue un descubrimiento trascendental: la ciencia teológica y bíblica, aprendida en los claustros universitarios, fue un medio poderosísimo para contradecir a los herejes. Pero lo fundamental fue el haber vivido y asimilado los misterios de Cristo en la contemplación incesante. Su predicación tenía dos alas: el estudio y la oración. En su mente y en su corazón se fraguó su ideal que dejo luego como herencia a sus hijos.

El obispo y domingo, despojados de riquezas y armados con la ciencia teológica a toda prueba, sorprendieron a los herejes en su mismo campo de batalla y con armas muy superiores. Los herejes no contaban con la teología y con la mística de Domingo y de su obispo. Las discusiones públicas eran frecuentes, pero sus enemigos eran doblegados con la fuerza de la verdad.

Al cabo de dos años, Domingo se quedó solo porque murió el obispo que lo acompañaba en la predicación. Pero Domingo era un yunque, con un carácter a toda prueba. Siguió predicando con mayor ardor y desde el principio se le unieron seis compañeros que él mismo preparó y adiestró para la obra de predicación. Pasó en esa tarea, sin desfallecer, durante once años.

Invitado al concilio IV de Letrán, informó de la experiencia en la obra de predicación entre los herejes y pidió, al mismo tiempo, formalizar una comunidad de predicadores. El Papa aprobó la obra, que él mismo llamó de “Predicadores”, para que se entregara de lleno a difundir el evangelio y a la defensa de la fe cristiana. Era el 22 de diciembre de 1916. Así nació la Orden de Santo .Domingo, u Orden de Predicadores, dedicada a la predicación.

Los fundadores de órdenes religiosas se propusieron copiar un aspecto fundamental de la vida de Cristo: la oración o contemplación, el cuidado de los pobres o de los enfermos, su amor por los niños etc. Así nacieron las órdenes contemplativas, las dedicadas exclusivamente a las misiones entre infieles, a la enseñanza de niños y jóvenes. El carisma de los fundadores se traduce en esta iniciativa que heredan sus seguidores.

El Bautismo de Domingo

“Una célebre señal precedió al nacimiento de Santo Domingo. Su madre (beatificada por León XII en 1828) vio en sueños el fruto de sus entrañas en forma de un cachorro que, con una antorcha en la boca, salía de su seno para abrasar el mundo. Inquieta por un presagio de sentido tan oscuro, iba con frecuencia a orar ante el sepulcro de Santo Domingo de Silos, que había sido abad del monasterio de su nombre, no muy distante de Caleruega. Agradecida a los consuelos que allí obtuvo, dio el nombre de Domingo al niño objeto de sus oraciones. Era el tercer hijo que salía de sus benditas entrañas. El mayor, Antonio, consagró su vida al servicio de los pobres y honró con su gran caridad el sacerdocio de que estaba revestido; el segundo, Mamés (o Manés), murió con el hábito de fraile predicador (beatificado por Gregorio XVI en 1834).

Cuando Domingo fue presentado en la iglesia para recibir el bautismo, una nueva señal manifestó la grandeza de su predestinación. Su madrina, a quien los historiadores designan solamente con el nombre de “noble señora”, vio en sueños sobre la frente del bautizado una estrella radiante (es uno de los atributos o símbolos iconográficos de Santo Domingo). Siempre quedó algún vestigio de dicha estrella en la faz de Domingo, y se observó, como particularidad de su fisonomía, cierto esplendor que procedía de su frente y atraía el corazón de cuantos le miraban. La pila de mármol blanco en que el Santo había recibido las aguas regeneradoras fue transportada el año 1605 al Convento de Predicadores de Valladolid, por orden de Felipe III, quien quiso que su hijo fuese bautizado en ella. Hoy está en el Monasterio de Santo Domingo el Real de Madrid, y en ella se bautizan los vástagos de la familia real española”

(Lacordaire, “Santo Domingo y su Orden”, Ed. San Esteban-Edibesa, Salamanca, 1989)

La pila bautismal de Domingo
La pila bautismal de Santo Domingo de Guzmán se encuentra en la Iglesia del Monasterio de Santo Domingo el Real, de las MM. Dominicas, situado en la calle Claudio Coello, nº 112, de Madrid.

El Monasterio es un sencillo edificio de ladrillo rojo, que comenzó a construirse en 1879 por el arquitecto Vicente Carrasco, en solares que ya habían pertenecido a la comunidad y que había comprado Don Francisco Maroto. Se inauguró este nuevo Monasterio en 1882. En la guerra civil de 1936 fue muy maltratado, por lo que fue restaurado en 1943.

El primer Monasterio de Santo Domingo el Real, fue edificado en 1218, en la actual Plaza de Santo Domingo, en el centro de la zona antigua de la ciudad y cercano al Palacio Real.
Fue fundado por Santo Domingo de Guzmán, contribuyendo personalmente a su edificación. Durante siglos fue objeto de devoción, de cuantiosas donaciones y de privilegios, por parte de devotos, nobles, monarcas y papas.

Las crónicas, anales dominicanos y las historias de la villa de Madrid nos hablan del esplendor y magnificencia alcanzados en sus distintas épocas.
Ese monasterio fue demolido en 1870, ocasionando daños, dispersión y pérdida de obras de arte, documentos, reliquias... que por la devoción y esplendidez de los muchos devotos reunieron a lo largo de 652 años. Algunas de esas obras fueron expropiadas y pasaron a museos y archivos. Otras desaparecieron, pasaron a manos de particulares o fueron destruidas por distintas circunstancias históricas.

Entre las reliquias conservadas se encuentra la PILA BAUTISMAL DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.
Santo Domingo nació en 1170 en Caleruega, Burgos. Fundó en 1216 la Orden de Predicadores, también llamada Dominicos, y formada por frailes, monjas, religiosas y seglares. Murió en 1221 en Bolonia, Italia, donde reposan sus restos.
Pertenecía esta Pila a la iglesia parroquial de la villa de Caleruega, donde fue bautizado Santo Domingo. Al ser declarado santo en 1234, por el papa Gregorio IX, comenzó a venerarse como reliquia.
La Pila es de piedra blanca no tallada y se halla cubierta en gran parte de plata con adornos dorados, algunos de oro, que ostentan las armas reales y escudos de la Orden.

Como curiosidad podemos señalar que en la Catedral de Palencia, en un nicho de la capilla de San Jerónimo, cubierto con una reja, se conserva un trozo de piedra de dicha Pila bautismal.
Fue Felipe III (1578-1621) quien en 1605, llevó la Pila de Caleruega a Valladolid para bautizar a su hijo Felipe IV. Posteriormente sería trasladada a Madrid y depositada en este Monasterio de Santo Domingo el Real de las MM. Dominicas.

Desde entonces los herederos de los Reyes de España, han cumplido con el rito de ser bautizados en la Pila en la cual fue bautizado Santo Domingo de Guzmán.
No ha sido bautizado en ella el Rey Juan Carlos, al haber nacido en Roma. Sí lo han sido sus hijos, las Infantas Elena y Cristina y, el Príncipe de Asturias, Don Felipe. Posteriormente los infantes eran presentados y ofrecidos a la Virgen de Atocha, Patrona Real de Madrid.
Para el bautizo, la Pila de Santo Domingo se traslada al lugar o palacio correspondiente, siendo devuelta después. Se conserva la documentación de sus diversas salidas del Monasterio.
(Tomado de “Una pila bautismal histórica”, de Amalia Roales-Nieto y Azañón, editado por el Instituto de Sociología Aplicada, 1990, Madrid
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