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Historia del Santo Rosario



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Santo Domingo y la Virgen
El Beato Alano de la Rupe y la Virgen
Algunas modificaciones al Santo Rosario





Una bella tradición: la historia de santo Domingo y la Virgen María.

Existen relatos interesantes que pertenecen a la tradición de la Iglesia; han pasado de generación en generación para enseñarnos cómo Dios se vale de diferentes medios para hacer que crezca en los hombres el fervor y como consecuencia, el deseo de hacer siempre su voluntad. Acerca del Rosario, se cuenta la siguiente historia:

Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque y pasó en él tres días y tres noches en continua oración y penitencia. Un día, se le apareció la Santísima Virgen acompañada de tres princesas del cielo y le dijo:

"¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?
- Oh, Señora, respondió él, vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación".

Ella añadió: "Sabe que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por tanto si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio".
La Virgen reveló: "Sólo si la gente considera la vida, muerte y gloria de mi Hijo, unidas a la recitación del Avemaría, los enemigos podrán ser destruidos. Es el medio más poderoso para destruir la herejía, los vicios, motivar a la virtud, implorar la misericordia divina y alcanzar protección. Los fieles obtendrán muchas ganancias y encontrarán en mí a alguien siempre dispuesta y lista para ayudarles".

Santo Domingo contaba que veía a la Virgen sosteniendo en su mano un rosario y que le enseñó a recitarlo; dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias. El Santo se levantó muy consolado y abrazado de celo por el bien de estos pueblos, entró en la Catedral y en ese momento sonaron las campanas (por intervención de los ángeles) para reunir a los habitantes.
Al principio de la predicación se levantó una espantosa tormenta, la tierra tembló, el sol se nubló y los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes.

La tormenta cesó al fin por las oraciones de Santo Domingo. Continúo su discurso y explicó con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores le abrazaron casi todos, renunciando a sus errores, viéndose en poco tiempo, un gran cambio en la vida y costumbres de la ciudad.

Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen. El rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos.

Santo Domingo, describiendo los grandes frutos que había conseguido entre los fieles por esta práctica devota que él predicaba, continuamente decía: “Miren los frutos que he alcanzado con la predicación del santo rosario. Que hagan lo mismo ustedes y cuantos aman a la Santísima Virgen, para atraer, mediante el santo ejercicio del rosario, a todos los pueblos a la ciencia verdadera de la virtud”.
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EL BEATO ALANO DE LA RUPE Y EL SANTO ROSARIO
Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha devoción. La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Sto. Domingo referentes al rosario.

Alano de Rupe en otra parte de su narración refiere ciertos detalles: “Todos los predicadores hacen rezar a los cristianos la Salutación Angélica al comenzar sus sermones para obtener la gracia divina.

La razón de ello es una revelación de la Santísima Virgen a Santo Domingo: Hijo mío -le dijo-, no te sorprendas de no lograr éxito en tus predicaciones, porque trabajas en una tierra que no ha sido regada por la lluvia. Recuerda que, cuando Dios quiso renovar al mundo, envió primero la lluvia de la salutación angélica. Así se renovó el mundo. Exhorta, pues, a las gentes en tus sermones a rezar el rosario, y recogerás grandes frutos para las almas. Hízole así el Santo constantemente, y obtuvo notable éxito en sus predicaciones”.

Lejos de sospechar los favores divinos que le tenía reservado el Señor, por intercesión de su Madre, el Beato Alano de la Rupe recibe de la Santísima Virgen el encargo de renovar la antigua Cofradía del Santo Rosario.

Cierto día, mientras celebraba la misa el Beato, el Señor desde la hostia consagrada le dijo:
“¿Por qué me crucificas de nuevo?
- ¿Cómo Señor?, respondió aterrado el Beato Alano-.
Tus pecados me crucifican, -respondió Jesucristo-. Aunque preferiría ser crucificado de nuevo al ver a mi Padre ofendido por los pecados que has cometido. Tú me sigues crucificando, porque tienes la ciencia y cuanto es necesario para predicar el rosario de mi Madre instruir y alejar del pecado a muchas almas...Podrías salvarlas y evitar grandes males. Pero, al no hacerlo, eres culpable de sus pecados.

Tan terribles reproches hicieron que el Beato Alano se decidiera a predicar incesantemente el rosario”.
La Santísima Virgen, en cierta ocasión, para animarlo a predicar el santo rosario le dijo: “Fuiste un gran pecador en tu juventud. Pero yo te alcancé de mi Hijo la conversión. He pedido por ti y deseado -si fuera posible- padecer toda clase de trabajos por salvarte, ya que los pecadores convertidos constituyen mi gloria, y hacerte digno de predicar por todas partes mi rosario”.

Entre otras cosas le dijo: “El rosario es un género de oración pronto, fácil, muy agradable a mis ojos, muy propio para atraer la misericordia divina y para salvar a los pueblos; es un auxilio eficaz en todas las penosas calamidades”.

En otra ocasión la Virgen le dijo al Beato Alano de Rupe: “Quiero que los devotos de mi rosario obtengan la gracia y bendición de mi Hijo durante su vida, en la hora de la muerte y después de ella. Quiero que se vean libres de todas las esclavitudes y sean reyes verdaderos -con la corona en la cabeza y el cetro en la mano- y alcancen la vida eterna. Amén”.
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Algunas modificaciones al Santo Rosario

El Beato Alano de Rupe fijó un salterio mariano de 150 Avemarías, intercalando un padrenuestro por cada 10 Avemarías, estableciendo también la meditación sobre la infancia, muerte y resurrección de Jesús al cual lo llamó “salterio de la Bienaventurada Virgen”.

Finalmente Santiago Sprenger fue quien perfeccionó el rezo del Santo Rosario en su forma estable, al simplificar el sistema salterial de Alano y reducir a 50 Avemarías el rezo de un sólo Rosario.
El P. Baltazar Álvarez, confesor de Santa Teresa de Jesús, fue quien introdujo en el Santo Rosario después de cada decena la bella invocación: “María, Madre de gracia y Madre de misericordia. En la vida y en la muerte ampáranos Madre nuestra”.

Dice San Luis Grignion de Montfort que desde cuando el Beato Alano de la Rupe restauró esta devoción, la voz del pueblo, que es la voz de Dios, la llamó ROSARIO, es decir, corona de rosas.

A partir de entonces, y con el correr de los años nació la advocación de “Nuestra Señora del Rosario” tan difundida y propagada en todo el mundo por los Padres Dominicos. Su fiesta fue instituida por el Papa Pío V y se celebra el 7 de octubre.

El Papa León XIII ha sido uno de los más grandes devotos del Santo Rosario. Consagró todo el mes de octubre a María Santísima bajo el título de Nuestra Señora del Rosario. Durante su Pontificado le dedicó nueve encíclicas, dos epístolas y una carta apostólica.

La Virgen en su última aparición en Fátima, el 13 de octubre de 1917 cuando se les apareció a los tres niños pastores les dijo: “Yo soy la Virgen de Rosario. Deseo que en este sitio me construyan un templo y que recen todos los días el Santo Rosario”.

Sobre el santo rosario, el Beato Bartolomé Longo (1841-1926), (laico casado, y abogado de profesión, perteneció a la Tercera Orden dominicana), nos ha dejado una obra titulada “Los quince sábados del santo rosario”, el mismo que ha tenido una extraordinaria acogida. Hasta 1981 llevaba 75 ediciones. Bartolomé Longo, inspirado por el Señor fue quién inició y llevó adelante la construcción de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya en Italia, uno de los más visitados y de renombre universal por su famoso cuadro, orgullo de toda la congregación dominicana.

El Papa Juan Pablo II agregó los misterios luminosos al Santo Rosario durante su pontificado.
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